Llegó arriba de las 11:00 p.m. a su modesto hogar donde reinaba el frío y el silencio. Él mismo no era suficiente para llenar el sitio con el calor de su cuerpo. Al tocarse los bolsillos, se dio cuenta de que guardó la Colt en su chaqueta sin querer. Para no olvidarla, la colocó junto a sus llaves y así guardarla por la mañana en la guantera. Prefirió usar el poco tiempo que tenía para descansar, encendió su PC y esperó distraerse mirando las publicaciones en sus redes. Nada nuevo: para él, las mismas estupideces de personas haciendo el ridículo. Cuando sus pesados párpados caían en contra de su voluntad, acudió a su cama.
Mientras dormía, un disparo proveniente del pasillo lo despertó de golpe.
-¿Qué podría ser?- pensó.
No le cabía duda que un intruso había entrado a robar.
-Esas ratas están en todas partes.- murmuró enojado.
Se levantó de inmediato, se colocó unas sandalias y tomó la Colt.
Lentamente abrió la puerta de su habitación, echó un ojo a su alrededor y salió sigiloso. Una figura se apreciaba débilmente a través de la oscura cortina de la noche; sin vacilar recargó el arma, apuntó a la cabeza y jaló del gatillo.
Aliviado pero aun con unos cuantos nervios, Iván acomodó el bulto de tal manera que sus desperdicios de tono carmesí no mancharan el piso.
Mientras lo levantaba, un escalofrío penetró todas sus fibras. El mismo cabello de él, la misma ropa de él, incluso el mismo rostro de él.
-¡¿Qu-qué demonios es esto?!- pensó horrorizado.
Presa de terror, dejó caer el helado cuerpo y retrocedió inundado de espanto y confusión. Detrás de él escuchó que un arma era recargada... Solo cerró los ojos, esperando que fuera una pesadilla a causa de su profundo cansancio. Lo último que escuchó fue un disparo.